Impulsan una ley para declarar la Emergencia del Sistema Científico

El Tucumano – 27/02/2017 

La presentó Mabel Carrizo, diputada nacional por Tucumán, para asignar presupuesto al área y así evitar “la paralización lisa y llana del sistema de Ciencia y Tecnología”.

Mabel Carrizo, diputada nacional por Tucumán, presentó un proyecto de ley para declarar de manera urgente la Emergencia del Sistema Científico por un año, solicitando una reasignación presupuestaria para evitar “la paralización lisa y llana del sistema de Ciencia y Tecnología” y garantizar el normal funcionamiento del área.

La partida destinada para el área en el Presupuesto 2017 resulta significativamente menor a la que se venía asignando en años anteriores, restringiendo el ingreso a la carrera de Investigador Científico CONICET, produciendo una reducción de becas y un recorte de gastos de funcionamiento de sus diferentes Unidades Ejecutoras en las provincias, entre otras consecuencias.

El proyecto de la tucumana, diputada por el Frente Para la Victoria, propone crear una “Comisión Mixta de Monitoreo del Funcionamiento del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación” en la órbita del Ministerio de Ciencia y Técnica.

Esto se encuentra en sintonía con lo solicitado por el Ateneo Científicos Tucumanos (ACT) en diciembre del año pasado.

Nota completa:

http://www.eltucumano.com/noticia/238189/impulsan-ley-para-declarar-emergencia-sistema-cientifico

Un modelo científico al servicio de las empresas

28 de enero de 2016 – Brújula Comunicación

por Darío Aranda

Investigadora de la UBA y el Conicet, Mirta Varela cuestiona el modelo científico argentino, con investigadores al servicio de las empresas y complicidades con el extractivismo. Facultades socias de corporaciones transgénicas y un ministro que pasó del kirchnerismo a firmar decretos para el PRO.‬

‬Una nueva religión se impone con la bendición de los medios de comunicación, suma fieles a diario y cuenta con recursos del Estado y beneficios para las empresas. Su palabra parece definir qué es válido y qué no, justificar acciones y decidir sobre hechos que impactan en la sociedad. Se trata de “la ciencia” o, sus personeros, los “científicos”. Pero, rara vez, estos académicos cuestionan públicamente el modelo científico, silencian los desmanejos del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas) y no se preguntan qué ciencia se práctica y a quién beneficia. Mirta Varela, investigadora del Conicet y de la Universidad de Buenos Aires, cuestiona el ámbito científico desde adentro mismo del sistema: “Es de una enorme irresponsabilidad no ver las consecuencias de fomentar este modelo de ciencia”.

El rol de los científicos, las estructuras clientelares, la persecución a los disidentes, la falta de autocrítica, las complicidades y un ministro que pasó del kirchnerismo al PRO (y que continúa fiel a las empresas transgénicas).

Elecciones

Semanas antes del balotaje entre Daniel Scioli y Mauricio Macri, numerosos académicos se movilizaron bajo el paraguas de la organización “Científicos Autoconvocados”. Realizaron muestras en lugares públicos (Plaza Constitución, Retiro, Rosario y Córdoba, entre otros), remarcaron la importancia de la ciencia (con “logros” como una nueva semilla de soja transgénica) y llamaron a votar a Daniel Scioli. Publicaron solicitadas, realizaron puestas en escena lavando platos (recordando los dichos de Domingo Cavallo durante el menemismo) y fueron muy activos en redes sociales. Tuvieron amplia repercusión en los medios ligados al kirchnerismo.

Mirta Varela escribió el 7 de noviembre una columna de opinión en Clarín. Cuestionó el posicionamiento de funcionarios e investigadores, en nombre de universidades y del Conicet, con recursos públicos y con fines partidarios. “Resulta penoso ver cómo quienes debieran salvaguardar el pensamiento crítico se han convertido en aplaudidores seriales”, cuestionó la investigadora del Instituto Gino Germani de la UBA.
Y los interpeló por su silencio ante el uso de agroquímicos, la megaminería y la eliminación de estadísticas de pobreza en el Indec.

¿Qué repercusiones tuvo de esa columna?

-Me llamaron y escribieron muchos colegas. Estaban de acuerdo pero paso seguido me decían “te inmolaste”.

¿Por qué?

-Es que son gestiones (del Conicet y la Facultad de Sociales) muy alineadas con el Gobierno (anterior) y las represalias no se hacen esperar. Se castiga la crítica a la ciencia hegemónica.

¿Por qué cuestionó el pronunciamiento de la Facultad de Ciencias Sociales previo al balotaje?

-Porque no hubo debate interno y porque funcionarios e investigadores no pueden utilizar el nombre de universidades y del Conicet con fines partidarios. Es inaceptable porque la UBA y el Conicet no le pertenecen a ningún gobierno, aunque en algunos casos se les haya aplicado una lógica clientelar, que castiga a los no alineados con el gobierno y el modelo científico. También me gustaría aclarar que no estoy en contra de la ciencia o de la inversión pública en ciencia. Estoy en contra de un modelo de gestión del conocimiento y de la falta de autonomía respecto de la política.

¿Cómo se dan las represalias en el Conicet o en la Universidad?

-Evaluaciones permanentes con criterios poco claros, negación de financiamientos o becarios. Son múltiples las formas y conocidas en el sistema científico. En la Facultad es más claro. Crean estructuras paralelas, cátedras, áreas con las mismas competencias para intentar vaciar las ya existentes. Me pasó en la Facultad con la creación de una revista paralela a la que hacemos (“Cuadernos de la Red de Historia de los Medios”).

Modelo

Recuerda una charla pública de Andrés Carrasco (embriólogo molecular que confirmó los efectos del herbicida glifosato y fue desprestigiado por Lino Barañao, autoridades del Conicet y los medios del agronegocios). “Súper razonable todo lo que publicó y muy tremendo como reaccionó el Conicet y el ministro Barañao, con ataques personales y desconociendo trayectorias y trabajos”, cuestiona.

¿Qué evaluación hace del Conicet en los últimos años?

-Se incrementó el modo en que el Conicet orienta el financiamiento a ciertos sectores con muchos cuestionamientos.

¿Por ejemplo?

-Hay proyectos digitados entre el Conicet, universidades e YPF para avanzar con el fracking (“fractura hidráulica”, una técnica muy cuestionada por sus aspectos ambientales y sociales). El Conicet avala eso, lo impulsa, y no dice nada de las consecuencias. Tampoco dicen nada muchos científicos que saben que eso sucede.

¿Es algo explícito y los científicos no lo denuncian?

-Entrás a la página del Conicet y son públicos los convenios y cofinanciamientos con industrias en pos de un proyecto. Son claras las políticas de muchísimos recursos para el modelo transgénico y, en los últimos años, con YPF y el fracking. Y claro que dejan de lado los grandes cuestionamientos que tienen esas actividades. Es de una enorme irresponsabilidad no ver las consecuencias de fomentar este modelo de ciencia. Los científicos ya no pueden negar los efectos de los agroquímicos, las enfermedades, las transformaciones en la sociedad, migraciones, la tierra en pocas manos. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Casi no se conocen, desde el ámbito científico, críticas públicas al Conicet o al Ministerio de Ciencia.

-No ha habido critica.

¿Por qué?

-El sistema científico premia al que repite y no al que innova. Y también premia a quien no cuestiona de dónde proviene el dinero de su investigación… tiene que ver con el incremento del financiamiento. A todos nos ha parecido beneficioso, pero también paralizó cualquier postura crítica. Hubo un claro aval a la política de más recursos, pero nada se dijo del modo en que se orientaban o se manipulaban esos recursos. Y al mismo tiempo sí ha habido una utilización del sistema científico como propaganda gubernamental. Es una idea muy errada de la ciencia y tampoco contribuye a ejercer la crítica desde la ciencia misma.

Al mismo tiempo hubo muchos recursos y posicionamiento, desde el kirchnerismo, de la importancia de “la ciencia”.

-Sí, claro, es que van juntos. Se señala el  valor de la ciencia pero se le quita autonomía. Se anuló la capacidad crítica de la ciencia y eso conlleva al desprestigio. Hubo un claro beneficio económico, con una extrema cuantificación del modelo de trabaja (solo importa cuántos “papers” publican), se transformó en un beneficio corporativo, sin cuestionar el modelo de ciencia y técnica y con una lamentable pérdida del rol crítico del científico. Así se explica que el ministro Barañao diga que los agroquímicos son como antibióticos, una barbaridad, y ningún científico le salga al cruce. Eso demuestra que estamos en problemas.

Sin embargo es todo un sello cuando habla alguien del Conicet.

-Ningún hecho es cierto ni está bien porque lo diga el Conicet. A esta altura es una cucarda y hay que cuestionarla. No podés pensar conocimiento si no pensás las estructuras de ese conocimiento y qué intereses la atraviesan. Si te financian para desarrollar transgénicos o para hacer fracking existe una clara línea ideológica y toma de posición ante la realidad. Por eso mismo hoy tiene menos valor pertenecer al  Conicet, tiene mucho que ver la pérdida de sentido crítico y eso devaluó a la institución. Muchos tienen miedo a perder esa cucarda que es el Conicet, pero hay que cuestionar el sistema desde adentro e impulsar cambios reales en las estructuras y visiones de ciencia y técnica.

¿Qué responsabilidad le cabe a los científicos en este modelo académico volcado al mercado en general y al extractivismo en particular?

-Les cabe toda la responsabilidad. Si los científicos contribuyen a producir conocimiento que permite el extractivismo o a legitimar con sus avales lo que realizan las empresas, o a promover un modelo económico o social que es concomitante con esas prácticas, les cabe toda la responsabilidad de las consecuencias ambientales y sociales que sus dichos o prácticas puedan acarrear. Si esto no fuera así, el conocimiento científico carecería de valor. En tanto investigadora de organismos públicos, mi deuda siempre es con la sociedad. Si los intereses entre el mercado y la sociedad entran en conflicto, no puede caber duda de qué lado pararse.

UbaNegocios

El correo institucional de la Facultad de Agronomía de la UBA lleva como título: “Apertura inscripciones 2016 de Posgrado en Agronegocios”. El “objetivo central” es “capacitar a empresarios, profesionales y funcionarios en el área de los agronegocios y alimentos” para la “gestión competitiva de las cadenas agroalimentarias”.
Varela no salía de su asombro: “El Programa de Agronegocios de la Facultad de Agronomía (Fauba) explicita la función subsidiaria de la universidad respecto de las empresas”. Ingresó al sitio de internet de la Facultad y confirmó sus sospechas (y que en Agronomía suelen ser objetivo de publicidad): el “Departamento de Instituciones, Organizaciones y Estrategia” de la Fauba tiene entre sus clientes de “soluciones y consultorías” a YPF, Monsanto, Plusagro, Bayer, Advanta, Los Grobo y Bioceres, entre otros. Y el Laboratorio de Tecnología de Semillas de la Facultad tiene convenios vigentes con Monsanto, Dow, Don Mario y una decena de empresas del sector.

Nota completa:

http://brujulacomunicacion.com/index.php/noticias/notas/item/1713-un-modelo-cientifico-al-servicio-de-las-empresas

Entrevista a la Dra. Dora Barrancos

Página/12 – 21 de febrero de 2017

“El panorama en el CONICET es muy crítico”

La socióloga Dora Barrancos denunció una “merma notable” de los recursos destinados al Conicet. “Estamos en una coyuntura aciaga y las consecuencias serán gravísimas”, advirtió. Además, un conjunto de directores del organismo pidió que se revise el límite a las investigaciones del área de Ciencias Sociales.

Nota completa:

https://www.pagina12.com.ar/21532-el-panorama-en-el-conicet-es-muy-critico

El ministro Barañao y la historia medieval

Página/12 – 28 de febrero de 2017 . Nota de opinión de Carlos Astarita, Prof. de Historia Medieval (UBA).

Lino Barañao dijo en la revista Noticias que el Conicet no debería financiar el estudio de la Edad Media. Propaga la idea de que el Estado invierte en una actividad ajena a los intereses del país y que solo sirve para el goce hedonista de los medievalistas.

La opinión es vulgar y trillada; lo insólito es escucharla en boca del ministro de Ciencia. Como integrante del Conicet dedicado a la historia del Medioevo, materia que a su vez enseño en las universidades de Buenos Aires y de La Plata, me siento interpelado. La circunstancia exige algunas consideraciones.

Nota completa:

https://www.pagina12.com.ar/22812-el-ministro-baranao-y-la-historia-medieval

Conferencia de prensa de Lino Barañao

Agencia TSS – 17 de febrero

Cambio y fuera

El MINCYT hizo explícito el cambio en la política de ciencia y tecnología, que limitará el crecimiento del CONICET y no permitirá cumplir con las metas planificadas. Mientras se le busca un lugar de trabajo a los investigadores que no ingresaron, el ministro Barañao dice que el presupuesto no le alcanza pero que llegarán más fondos.

Nota completa:

Cambio y fuera